22 feb 2021

Mitos medievales: ¿Iglesia vs Ciencia?

La creencia popular es que la religión ha frenado el progreso científico. La Edad Media es vista como una época de oscurantismo y estancamiento. Y la culpa suele ser atribuida a la Iglesia Católica, ¿qué tan cierto es? 

John Heilbron empieza su libro "The Sun in the Church" con las siguientes palabras

"The Roman Catholic Church gave more financial and social support to the study of astronomy for over six centuries, from the recovery of ancient learning during the late Middle Ages into the Enlightenment, than any other, and probably all, other institutions" (La Iglesia Católica Romana brindó más apoyo financiero y social al estudio de la astronomía durante más de seis siglos, desde la recuperación del saber antiguo durante la Baja Edad Media hasta la Ilustración, que cualquier otra, y probablemente todas las demás instituciones).

 

Alta Edad Media

Después de la caída del Imperio Romano de Occidente, vino un período de desintegración política, agitación social y declive intelectual conocido como Alta Edad Media (500-1000). No cabe duda que hubo un retroceso cultural, pero ¿fue culpa de la Iglesia? Hay que recordar que toda una civilización en Occidente había colapsado. Había invasiones bárbaras, guerras y pobreza. La baja actividad científica en esta época estuvo relacionada con el caos que siguió a la caída de Roma, no con la represión de la Iglesia. El historiador agnóstico Will Durant no solo afirma que la Iglesia no tuvo la culpa, sino que hizo todo lo posible por mantener cierto orden.

La Alta Edad Media contribuyó a un aspecto importante de toda tradición científica: la preservación y transmisión del conocimiento acumulado. Los monasterios jugaron un papel crucial en este proceso. Las ciencias naturales no eran su principal interés; no obstante, ningún otro elemento de la sociedad medieval europea contribuyó más que la Iglesia a la preservación del conocimiento científico durante esta etapa intelectualmente precaria.


En este periodo, destacan eruditos como Casiodoro (485-580), fundador del monasterio de Vivarium. Escribió Institutiones, con una primera parte dedicada a las Escrituras y la segunda a las artes liberales, como la astronomía o las matemáticas; Isidoro (556-636), arzobispo de Sevilla. Su obra Etimologías fue un intento de reunir todo el conocimiento medieval, derivado del saber clásico; recopila temas de teología, derecho, medicina e historia. Este libro logró una extraordinaria difusión por toda Europa; y Beda (673-735) Monje benedictino, originario de Northumbria. Escribió obras como De natura rerum o De temporum ratione, en la que registra el efecto de la Luna en las mareas.


Renacimiento carolingio

Se le denomina así al periodo comprendido entre finales del siglo VIII y principios del IX. Constituye, según palabras de Pierre Riché, "el primer gran florecimiento de la cultura europea". A medida que aumentaba el control de Carlomagno sobre los territorios, también lo hicieron sus esfuerzos por difundir la educación.

Carlomagno patrocinó fundaciones religiosas, donde los escribas copiaban manuscritos usando una escritura más legible; la escritura que desarrollaron se denomina minúscula carolingia. Muchos textos clásicos sobrevivieron gracias a las copias carolingias. También procuro que el clero tuviera una educación adecuada, estandarizó la liturgia y los rituales. Esta labor fue encomendada a Alcuino de York, abad benedictino. Conoció a Carlomagno en 781, en Italia, y aceptó su invitación para hacerse cargo de la Escuela Palatina fundada por el rey en su capital, Aquisgrán. Alcuino sistematizó el plan de estudios y alentó el estudio de las artes liberales. Los estándares escolares de la Escuela Palatina eran tan altos que otras escuelas monásticas y catedrales se inspiraron para emularlos.


Renacimiento en el siglo XII

Entre el siglo XI y XII, Europa experimenta una renovación política, social y económica. Ahora las escuelas contaban con planes de estudios más amplios, que incluían el estudio de los clásicos latinos y griegos, disponibles desde la Alta Edad Media, aunque poco estudiados en ese entonces. Los fenómenos naturales debían explicarse exclusivamente en términos naturalistas, pero esto no era resultado de un escepticismo sobre el origen divino del universo, sino una creciente convicción de que la investigación de las causas secundarias establecidas por el Creador era un medio legítimo para estudiar la filosofía natural.

En el Tercer Concilio de Letrán, en 1179, se estableció: "...para que la oportunidad de aprender a leer y progresar en el estudio no se retire a los niños pobres que no pueden ser ayudados por el apoyo de sus padres, en cada iglesia catedralicia se le debe asignar a un maestro algún beneficio adecuado para que pueda enseñar a los clérigos de esa iglesia y a los pobres eruditos" (canon 18).

Las universidades surgidas en el siglo XII, en Europa, son predecesoras de la universidad moderna, la cual hereda de la universidad medieval no solo la denominación, sino también su estructura organizativa, sistema académico, libertad académica y docencia. Nuestras universidades persiguen la internacionalidad, tal como lo hacía la universidad medieval. Estas universidades evolucionaron a partir de escuelas catedralicias y monásticas más antiguas, y es difícil determinar cuándo se convirtieron en verdaderas universidades.

Hay personas que rechazan lo anterior bajo el argumento de que en la antigüedad hubo instituciones de educación superior, por ejemplo, la Academia de Platón. De hecho, las escuelas griegas son las que más se asemejan a la universidad medieval; sin embargo, nunca lograron la forma corporativa que dio permanencia a la universidad. Las escuelas confucianas de la China Imperial, la Gurukula de la India, la Madrasa del Islam, las escuelas de los templos aztecas e incas, las escuelas japonesas del periodo Tokugawa y las escuelas monásticas (antes del siglo XII) daban poco espacio para cuestionamientos o análisis. Ciertamente, todas las civilizaciones han necesitado educación superior para capacitar a sus gobernantes, sacerdotes o militares, pero solo en la Europa medieval surgió una institución reconocible como universidad, una escuela de educación superior caracterizada por su autonomía corporativa y libertad académica.

Esta institución surgió antes de 1200 en ciudades como Bolonia, París y Oxford. En 1500, unas sesenta universidades estaban esparcidas por toda Europa. Aproximadamente el 30% del plan de estudios de una universidad medieval cubría materias relacionadas con el mundo natural. La ciencia y medicina greco-árabe encontraron por primera vez un hogar permanente en esta institución. Es difícil creer que la Iglesia medieval toleraría y apoyaría la universidad, si realmente había intención de suprimir la ciencia. La teología cristiana resultó adecuada para fomentar el estudio del mundo natural, considerado creación de Dios. 

Los Papas intervinieron en nombre de la universidad en numerosas ocasiones. Honorio III (1216-1227) se puso del lado de los eruditos de Bolonia en 1220, cuando sus libertades fueron violadas. En 1231, cuando los funcionarios diocesanos locales invadieron la autonomía institucional de la universidad, el Papa Gregorio IX emitió una bula que concedía a la Universidad de París el derecho al autogobierno. En varias ocasiones, el pontífice obligó a las autoridades universitarias a pagar los sueldos de los profesores (tenemos los ejemplos de Bonifacio VIII, Clemente V, Clemente VI y Gregorio IX).

Tampoco es verdad que la mayoría de los estudiantes eran monjes que dedicaban la mayor parte del tiempo al estudio de la teología. Al contrario, la mayoría no cumplía con los requisitos para estudiar teología. Pocas universidades contaban con facultad de teología en el siglo XIII. La noción de la teología como reina de las ciencias se remonta a Aristóteles, quien quiso decir que la metafísica o la teología eran ramas de la filosofía más fundamentales que las matemáticas o la filosofía natural. Su estatus científico era discutido por los mismos teólogos. Por ejemplo, Tomás de Aquino creía que la teología era una ciencia. William de Ockham, un influyente franciscano, no estaba de acuerdo.


Condenas de 1277, ¿tuvieron un efecto positivo?

La recepción del aristotelismo en las universidades no estuvo exento de problemas. Las condenas de 1277 por el obispo Étienne Tempier destacaban ciertos puntos de tensión entre la filosofía aristotélica y las creencias cristianas. El Papa no jugó ningún papel en las condenas; simplemente solicitó una investigación sobre las causas de aquella confusión intelectual. Incluso se podría decir que hubo una aprobación papal poco entusiasta. 

Pierre Duhem afirma: "Si tuviéramos que asignar una fecha al nacimiento de la ciencia moderna, sin duda elegiríamos el año 1277, cuando el obispo de París proclamó solemnemente que podían existir varios mundos, y que el conjunto de las esferas celestes podría, sin contradicción, estar animada por un movimiento rectilíneo" (pág. 412). Aunque esta afirmación podría considerarse extrema, como señala el autor Edward Grant. Woods afirma que, aunque los estudiosos han discrepado sobre la influencia relativa de las condenas, "todos coinciden en que obligaron a los pensadores a emanciparse de las restricciones de la ciencia aristotélica y a considerar posibilidades que el gran filósofo nunca imaginó". Estas condenas pudieron haber tenido éxito, de no ser por la cristianización de Aristóteles ofrecida por Tomás de Aquino.


Atención médica

Los hospicios, inicialmente construidos para albergar a peregrinos y mensajeros, se convirtieron en hospitales en el sentido moderno de la palabra. Entre los siglos VI y X, bajo la influencia de la Orden Benedictina, la enfermería se convirtió en una parte establecida de cada monasterio. Inicialmente diseñada para el cuidado de los monjes, con el tiempo acogieron a pacientes civiles. 


Durante la Baja Edad Media, las enfermerías monásticas continuaron expandiéndose, pero también se abrieron hospitales públicos, financiados por las autoridades de la ciudad, la iglesia y fuentes privadas. Los monasterios desempeñaron un papel vital en la promoción de la atención médica y el desarrollo de hospitales.


¿Y qué hay de la disección humana?

Uno de los mitos más frecuentes es que la Iglesia medieval se opuso a la disección humana. La mayoría de las culturas despreciaban esta actividad, por lo cual es sorprendente que la Iglesia sí permitiera las disecciones. La bula papal De Sepulturis (aproximadamente en 1299) a menudo es citada como evidencia, ya que prohíbe la ebullición de cuerpos. Esta práctica se volvió común durante las cruzadas, cuando los muertos en campaña querían ser enterrados en su tierra. La ebullición separaba la carne de los huesos y de esta manera era más fácil trasladar los restos. La bula también tenía el objetivo de prohibir el comercio de huesos de soldados. 

En 1231, el emperador Federico II decretó que un cuerpo humano debía ser disecado al menos una vez cada cinco años; la asistencia era obligatoria para todos los que iban a practicar medicina o cirugía. A finales del siglo XIII, la universidad de Bolonia emergió como la institución más popular de Europa para el aprendizaje de la medicina. Su estatus se reforzó aún más cuando el Papa Nicolás II le concedió una bula en 1292, mediante la cual todos los graduados en medicina podían enseñar en todo el mundo.


¿Cuándo y cómo surge este mito?

La denigración de la Edad Media comienza a partir del siglo XVI, cuando los humanistas se acercaron a la literatura griega y romana. Las críticas contra este periodo fueron retomadas por ingleses como Bacon (1561-1626) o Hobbes (1588-1679), autores protestantes que se negaban a dar el más mínimo crédito a los católicos. Les resultaba más conveniente afirmar que nada de valor se había enseñado en las universidades antes de la Reforma. Sin embargo, es erróneo afirmar que no había ciencia ante del Renacimiento (este es tema para otra publicación). Aunque intelectuales protestantes como John William Draper y Andrew Dickson White se empeñaban en señalar al catolicismo como primera fuente del conflicto entre ciencia y religión, no hay indicios de tal conflicto antes del asunto de Galileo (e incluso este caso merece una exhaustiva investigación).

En conclusión, no había una guerra entre la ciencia y la Iglesia medieval. La relación entre ambas fue compleja, alternando entre la colaboración y el desacuerdo. No se puede negar que había límites teológicos que los eruditos debían abordar con cuidado. Pero rara vez experimentaron el poder coercitivo de la Iglesia y a menudo encontraron apoyo y mecenazgo en esta. La idea de que el catolicismo medieval reprimió la ciencia resulta casi ridícula cuando se toma en cuenta la gran cantidad de clérigos involucrados en el estudio de las ciencias.



Fuentes:

Blair, Ann (2004) "Science and Religion." In Cambridge History of Christianity, Vol. 6: Reform and Expansion, 1500-1660, edited by Ronnie Po-Chia Hsia, 427-45. Disponible: https://dash.harvard.edu/handle/1/29674919 [19/02/21]

Duhem, Pierre (1906) Études sur Léonard de Vinci. Disponible: https://archive.org/details/tudessurlona02duhe/mode/2up [18/02/21]

Cilliers, L., & Retief, F. P. (2002). The evolution of the hospital from antiquity to the end of the middle ages. Curationis, 25(4), 60–66. https://doi.org/10.4102/curationis.v25i4.806 [19/02/21]

Grant, Edward (1974) A Source Book in Medieval Science. Harvard University Press. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=fAPN_3w4hAUC&lpg=PP1&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [19/02/21] 

Ghosh S. K. (2015). Human cadaveric dissection: a historical account from ancient Greece to the modern era. Anatomy & cell biology, 48(3), 153–169. https://doi.org/10.5115/acb.2015.48.3.153 [18/02/21]

Hannam, James (2009) God's Philosophers: How the Medieval World Laid the Foundations of Modern Science. Icon Books Ltd. Disponible: https://es.scribd.com/book/353166911/God-s-Philosophers-How-the-Medieval-World-Laid-the-Foundations-of-Modern-Science [19/02/21]

Lindberg, David C. (2002) Medieval Science and Religion. Capítulo del libro Science and Religion: A Historical Introduction, editado por Gary B. Ferngren. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=4mFwdYxrjBMC&lpg=PP1&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [18/02/21] 

Numbers, Ronald L. (2010) Galileo Goes to Jail and Other Myths about Science and Religion. Harvard University Press. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=ILIPEAAAQBAJ&lpg=PP1&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [15/02/21]

Pavlac Brian A. y Lott Elizabeth S. (2019) The Holy Roman Empire: A Historical Encyclopedia [2 volumes]. ABC-CLIO. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=arSYDwAAQBAJ&lpg=PP1&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [20/02/21] 

Perkin H. (2007) History of Universities. In: Forest J.J.F., Altbach P.G. (eds) International Handbook of Higher Education. Springer International Handbooks of Education, vol 18. Springer, Dordrecht. https://doi.org/10.1007/978-1-4020-4012-2_10 [18/02/21]

Shiqin Liao and Huigai Li (2016) Reach to the Characters and Effects of Medieval Universities in Western Europe. Título del libro: Proceedings of the 2016 International Conference on Education, E-learning and Management Technology. Disponible: https://www.atlantis-press.com/proceedings/iceemt-16/25860011 [18/02/21]

Woods, Thomas E. (2005) How the Catholic Church built Western civilization. Disponible: https://archive.org/details/howcatholicchurc0000wood [19/02/21]

29 ene 2021

Mitos medievales: ¿Se creía que la Tierra era plana?

Ilustración de la tierra esférica y las cuatro estaciones, del libro "Liber Divinorum Operum" del siglo XII por Hildegarda de Bingen.

Una creencia popular es que Colón pretendía desmentir la teoría de que la Tierra era plana y que a los marineros les aterraba la idea de llegar al borde del mundo. Esto es falso; la gente en la Edad Media sabía que la Tierra era esférica. En la época del descubrimiento, lo que se desconocía era la circunferencia, no la forma. Es por eso que los marineros temían morir de hambre en la exploración del océano desconocido. Copérnico y Galileo tampoco discutían la forma del planeta, sino su posición, de acuerdo con su tesis del sistema heliocéntrico.

Retomando el tema del descubrimiento de América, Fernando e Isabel remitieron los planes de Colón a una comisión real encabezada por Hernando de Talavera, celebrada en Salamanca. Se reunieron tanto miembros del clero como laicos. Plantearon algunas objeciones al proyecto, pero todos asumieron la redondez de la Tierra. Argumentaron que Colón no podía alcanzar las Indias en el tiempo que él establecía, ya que la circunferencia de la Tierra era demasiado grande. Y resultó que tenían razón.

Ninguna persona educada (salvo algunos disidentes) en la historia de la civilización occidental desde el siglo III a. C. en adelante creía que la Tierra era plana. En la Antigüedad, la esfericidad de la Tierra fue reconocida por filósofos como Pitágoras, Aristóteles y Eratóstenes (quien logró calcular la circunferencia). Esto no cambió con la llegada del cristianismo.

Tomás de Aquino, en su Suma Teológica, escribe "...tanto el astrólogo como el físico pueden concluir que la tierra es redonda. Pero mientras el astrólogo lo deduce por algo abstracto, la matemática, el físico lo hace por algo concreto, la materia". San Agustín menciona, según un fragmento de La Ciudad de Dios: "...y no reparan que aunque se crea o se demuestre con alguna razón que el mundo es de figura circular y redonda, con todo, no se sigue que también por aquella parte ha de estar desnuda la tierra de la congregación masa de las aguas; y aunque esté desnuda y descubierta, tampoco es necesario que esté poblada de hombres, puesto que de ningún modo hace mención de esto la Escritura, que da fe y acredita las cosas pasadas que nos han referido". Aunque San Agustín niega la existencia de pobladores en las Antípodas, no duda de la esfericidad del planeta. Roger Bacon (1220-1292), al igual que otros grandes eruditos de la época medieval, Jean Buridan (1300-1358), Nicholas Oresme (1320-1382) o Beda el Venerable en el siglo VII, afirmaron la redondez de la Tierra. Alfonso X de Castilla escribe en su "General Estoria""Sabuda cosa es por razón e por natura, e los sabios assí lo mostraron por sos libros, que como el mundo es fecho redondo que otrossí es redonda la tierra...". Ahora que mencionamos a un rey, no podemos dejar de lado la evidencia gráfica en el uso del orbe por los monarcas cristianos.

Federico I (1122-1190) emperador del Sacro Imperio Romano Germánico

María I de Hungría (1371-1395)Chronica Hungarorum de 1488

Carlos IV (1316-1378), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, junto a su esposa Blanca de Valois

Sello de la "Bula de Oro" de 1356.

Parece ser que fue el escritor estadounidense, Washington Irving (1783-1859), quien popularizó el mito de la Tierra plana con su obra "Una historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón", en la que narra que el marinero se presentó en la universidad de Salamanca para defender su teoría de la Tierra redonda. Esto es una licencia dramática por parte de Irving. El académico Antoine-Jean Letronne (1787-1848), plasmó esa misma idea en su obra Sobre las ideas cosmográficas de los padres de la iglesia.

Sin embargo, no podemos culpar solamente a Irving o a LetronneUn motivo por el cual se piensa que la gente medieval creía en la Tierra plana  son los mapas de esa época. En estos se observa una Tierra plana en forma de disco, pero la realidad es que los cartógrafos medievales intentaron que el círculo representara el hemisferio superior del globo. Un punto a considerar es que la mayoría de los mapas medievales no estaban destinados a llevar a alguien de un lugar a otro, sino que eran obras de arte colgadas en las catedrales o ilustraciones en manuscritos. Por lo tanto, no eran precisos. Otro motivo por el cual ha perdurado este mito es nuestro propio prejuicio sobre la gente medieval, forjado en los estereotipos de que eran sucios e ignorantes. Muchos conceptos erróneos sobre la Edad Media surgieron en el siglo XIX como parte de una reacción contra la religión.


Fuentes:

Gould, Stephen J. (1997) The late birth of a flat earth, Dinosaur in a Haystack: Reflections in Natural History, disponible: http://www.inf.fu-berlin.de/lehre/SS05/efs/materials/FlatEarth.pdf [29/01/21]

Páez Kano, José Rubén (2003) La esfera de la tierra plana medieval como invención del siglo XIX (Tesis de maestría). Disponible: https://rei.iteso.mx/bitstream/handle/11117/2472/Jos%C3%A9%20Rub%C3%A9n%20P%C3%A1ez%20Kano%20Lista.pdf?sequence=2 [29/01/21]

Livingston, Michael (2002) Modern Medieval Map Myths: The Flat World, Ancient Sea-Kings, and Dragons. Disponible: https://web.archive.org/web/20060209042605/http://www.strangehorizons.com/2002/20020610/medieval_maps.shtml [29/01/21]

Russell, Jeffrey Burton (1997) The Myth of the Flat Earth, Studies in the History of Science (American Scientific Affiliation), disponible en: https://www.asa3.org/ASA/topics/history/1997Russell.html [29/01/21]

22 ene 2021

Agnès Sorel, la primera amante real

 Dame de beauté

Nació en 1422 en Fromenteau, una pequeña población de la Turena. Su padre era un militar, Jean Seurelle y su madre, Catherine de Maignelais, pertenecía a la nobleza rural. La pareja formaba parte de la corte de Renato I de Nápoles (hermano de María de Anjou) e Isabel de Lorena. Se sabe poco sobre los primeros años de Agnès. Es mencionada hasta 1444 en las cuentas de Isabel de Lorena: "Agnès Sorelle", como dama, recibía diez libras, colocándola en el extremo inferior de la escala de asalariados.

En 1443, Carlos VII de Francia recibió a los reyes napolitanos, quienes acababan de perder su reino. Su esposa, María de Anjou, era una mujer muy piadosa y constantemente estaba embarazada; según Chastellain, cronista de la corte del duque de Borgoña, "tenía un rostro que habría infundido miedo incluso en los ingleses". 

Apenas apareció en la corte francesa, Agnès llamó la atención del rey Carlos, quien tenía cuarenta años. No era un hombre agraciado; el cronista Chastellain lo describe como flaco, de constitución débil y una manera extraña de caminar. Sin embargo, era amable, culto y seductor. 

Carlos VII, de Jean Fouquet

Agnès se ganó el apodo de Dame de beauté, Dama de la Belleza, no solo por su apariencia, sino también por ser dueña del castillo de Beauté, obsequiado por el rey Carlos. El amorío provocó un gran escándalo; era la primera vez que un rey de Francia exhibía su relación con una favorita. Chastellain anotó en sus memorias que "ya sea en la mesa, en la cama o en la sala del consejo, ella debe estar siempre a su lado". Incluso entró al servicio de la reina María. Sus cuatro hermanos, Carlos, Luis, Jean y André fueron incorporados a la casa del rey. Su madre recibió una pensión, que mantuvo incluso después de la muerte de Agnès. Su padre murió en 1446. En 1444, además de recibir el castillo de Beauté-sur-Marne, estaba en condiciones de donar una estatuilla de plata cubierta de oro a la iglesia de Loches. El reconocimiento de Agnès como amante real tuvo ramificaciones a largo plazo; estableció una nueva práctica para los reyes franceses y creó oportunidades de ejercer el poder para las mujeres.

Consciente del peligro de su posición, buscó aliados. Uno de ellos fue Pierre de Brézé, senescal de Anjou y de Poitou. Su segundo aliado era Jacques de Coeur, administrador de finanzas y comerciante. Importaba joyas, pieles, seda y objetos preciosos de Oriente. Adelantándose a las técnicas modernas de mercadotecnia, recurrió a la favorita real como "imagen" para su negocio.

La Virgen y el Niño, Jean Fouquet, obra en la que Agnès fue utilizada como modelo. 

De esta manera, la corte francesa dejó atrás su ambiente casi monacal para convertirse en paradigma del lujo y la voluptuosidad. Agnès impuso la moda de depilarse las cejas, lucir escotes y usar ropa interior fina. También fue la primera mujer que utilizó diamantes como adorno personal. La vestimenta de la época no solo era costosa, sino incómoda. Por lo general, las mujeres llevaban gorros cónicos enormes de casi un metro de altura llamados hennin y túnicas de brocado rígido que ceñían sus figuras con tanta fuerza que les costaba respirar. Agnes Sorel tenía ideas bastante diferentes sobre la comodidad y la belleza en la vestimenta, aunque la cola de su vestido era más larga que la de cualquier otra mujer. Su presencia en la corte resultaba escandalosa, pues eclipsaba a la misma reina. 

Agnès, haciendo honor a su sobrenombre, encarnaba el ideal de belleza de su época; rubia, ojos azules, tez muy blanca, cintura estrecha y senos redondos. Jean Chartier dijo que "entre todas las bellezas era la más joven y hermosa del mundo". Incluso sus opositores reconocieron que era una mujer muy hermosa. Tuvo tres hijas con el rey, pero solo dos sobrevivieron a la infancia: Maria y Charlotte de Valois (el hijo de esta, Luis de Brézé, se casó con Diana de Poitiers, otra célebre amante real).

Gracias a la colaboración de Brézé y Jacques Coeur, el reino prosperaba y se fortalecía lo suficiente para un nuevo enfrentamiento con los ingleses. Consciente del odio que inspiraba, Agnès se dedicó a repartir cuantiosas limosnas. Hay cierta comparación entre Juana de Arco, la guerrera que hizo posible la coronación de Carlos VII, y Agnès Sorel, la amante que inspiró al rey vacilante a continuar la lucha contra los invasores ingleses. 

La opinión de los historiadores está dividida respecto a la influencia política de Agnès. Se le atribuye el mérito de haber sacado al rey Carlos de su letargo y convertirlo en un rey dispuesto a expulsar a los ingleses. Auguste Vallet de Viriville apoya esta perspectiva. Fresne de Beaucourt argumenta que, para atribuir ese mérito a Agnès, ella tendría que haber entrado en la vida del rey en la década de 1430, cuando Carlos comenzó a mostrar su temple. Aunque Vallet ubica el idilio en esa década y el nacimiento de Agnès alrededor de 1410, ningún documento la menciona antes de 1444. Por lo tanto, Agnès conoció a un Carlos VII ya transformado. 

Sin embargo, esto no significa que se deba descartar su influencia política. Los documentos de Guillaume Mariette demuestran que Pierre y Agnès eran aliados, siendo esta última un medio seguro para influir en el rey. Esta percepción está respaldada por otras referencias contemporáneas. El más formidable entre sus enemigos era el delfín. Junto con Pierre, Agnès se interpuso en el camino de Luis y sus aliados que querían deponer al rey. La aversión del delfín por Agnès es insinuada en los documentos de Mariette, así como en varias crónicas. Pío II escribió que la causa de la discordia entre Carlos VII y su hijo fue Agnès, a quien Luis llegó a perseguir con su espada.


Muerte

En 1450, con un embarazo avanzado, Agnès viajó a Normandía para encontrarse con el rey, quien libraba la batalla contra los ingleses. Era un viaje inusual y peligroso para una mujer aristocrática y en su condición; se esperaba que guardará reposo de cuatro a seis semanas antes de dar a luz. Sus motivos no están claros. Sin embargo, el cronista Jean Chartier ofrece una explicación: la joven pretendía informar al rey sobre un complot. 

En la abadía de Jumièges sufrió un parto prematuro. El 9 de febrero, a los veintiocho años, Agnès falleció por disentería. No tardaron en correr los rumores de que había sido envenenada. No faltaban sospechosos; el delfín Luis, quien despreciaba a la amante de su padre, o Antoinette de Maignelais, prima de Agnès y su sucesora como favorita real. Cabe señalar que además de ser atendida por Robert Poitevin, médico personal del rey, también estaba presente Etienne Chevalier, médico de cabecera del rey y de Luis. Sin embargo, Jacques de Coeur fue acusado del asesinato y, aunque no se pudo comprobar su culpabilidad, fue acusado de malversación de fondos y no volvió a gozar del favor real. 

Tumba de Agnes en Loches, fuente de imagen

Incluso en sus horas finales, Agnès dio muestras de serenidad. Se cree que sus últimas palabras fueron: "Nada hay más frágil que nuestra propia existencia". Fue enterrada en Loches, mientras que su corazón fue extraído y sepultado en la Abadía de Jumièges.


Exhumación

Su tumba fue reducida en 1777, cuando los canónigos de Loches juzgaron ilógico que una adúltera descansará en el coro de la iglesia. Los restos, encontrados en buen estado, fueron colocados en una urna de 43 centímetros de altura. En 1809, el general François René Jean de Pommereul restauró el mausoleo de Agnès. Idealizándola como heroína nacional, agregó la siguiente inscripción en su tumba: LA ÚNICA AMANTE DIGNA DEL PAÍS, YA QUE EL PRECIO DE SUS FAVORES FUE LA EXPULSIÓN DE LOS INGLESES DE FRANCIA. Este epitafio fue removido después por el obispo de Tours, quien se opuso a tan generoso elogio

En 2005 se realizó otra exhumación, en un estudio multidisciplinar que reunió a 22 investigadores de 18 laboratorios. La urna desprendía un olor dulce, una mezcla de especias y moho. Esto se debe a que, durante el embalsamamiento, llenaron su cuerpo con semillas, bayas y especias aromáticas. El examen de rayos X reveló la ausencia de enfermedad, salvo por una desviación del tabique nasal hacia la derecha. Por lo tanto, es muy probable que la Dama de la Belleza roncara. El bajo depósito de sarro y la ausencia de caries indican una salud bucal relativamente buena. Este estudio permitió identificar fibras vegetales y cárnicas que atestiguan una dieta mixta. Debido a su estado de conservación relativamente bueno, se realizaron numerosos estudios microscópicos sobre la materia orgánica aún presente en la superficie de los huesos, principalmente el cráneo y las costillas. La epidermis de la cara se caracterizó por un contenido pobre en melanina, lo que indica una piel particularmente blanca, además se confirmó el rubio natural de su cabello. 

Rostro de Agnès Sorel, reconstrucción en 3D

Dado el manejo inoportuno de los restos de Agnès Sorel, en un principio solo se presumió la autenticidad. Para obtener certeza, se realizó una datación con carbono. La fecha obtenida coincidía con el año de su muerte, 1450. Luego, se compararon los restos del cráneo con la efigie de Sorel, hecha en vida. Se encontró una perfecta correspondencia entre el cráneo y la escultura: la forma del mentón, la ubicación de los dientes, la posición de los conductos auditivos, la apertura de las fosas nasales, el tamaño de la cavidad nasal y la distancia y forma de las cuencas oculares. El único detalle que no coincidía era la depilación de cejas y línea del cabello que se muestra en los retratos. El estudio microscópico de los restos del cuero cabelludo a nivel de la frente ciertamente revela la depilación, pero no tan pronunciado como se muestra en los retratos. ¿Por qué se depilaba? Algunos han hablado del estilo florentino, una frente más redondeada conforme a los cánones de un muy temprano Renacimiento. La realidad parece ser muy diferente. Agnès tenía unos ojos muy grandes, desproporcionados a su rostro. La depilación de frente le permitió la armonización de sus rasgos. 

Varios laboratorios se encargaron de realizar ensayos básicos a partir del cabello y el vello púbico y axilar encontrados en la urna funeraria, amalgamados con el líquido de descomposición o extraídos directamente del cuero cabelludo. El conjunto de ensayos reveló una concentración muy alta de mercurio en los cabellos. Por otro lado, la microscopía electrónica de barrido semivacío confirmó la ausencia de mercurio en la superficie de las muestras, eliminando así la contaminación post-mortem. La intoxicación debe considerarse aguda y haber precedido a la muerte entre 48 y 72 horas. Por lo tanto, la causa de intoxicación no pudo haber sido causada por una exposición prolongada al mercurio, por ejemplo, en forma de cosméticos. De hecho, las sales de mercurio se han utilizado desde la antigüedad grecorromana como antiparasitarios. Pero las cantidades utilizadas en terapia son normalmente mucho menores (alrededor de 10,000 a 100,000 veces menos que la dosis observada en los apéndices de la piel de Agnès). 

También se encontraron los restos de un feto de siete meses, el cuarto y último hijo de Agnès. Todavía no se sabe si la exposición al mercurio provocó el parto prematuro. El envenenamiento de Agnès ha sido confirmado, sin embargo, nadie puede saber si fue voluntario o no.


Fuentes:

Adams, Tracy (2019) Agnès Sorel: Political Martyr? Disponible: https://www.academia.edu/11417068/Agn%C3%A8s_Sorel_Political_Martyr [22/01/21]

Charlier, Philippe (2006) Qui a tué la Dame de Beauté? Étude scientifique des restes d'Agnès Sorel (1422-1450), Histoire des sciences médicales, no 3,‎ Tome XL, p. 255-263, disponible: https://www.biusante.parisdescartes.fr/sfhm/hsm/HSMx2006x040x003/HSMx2006x040x003x0255.pdf [22/01/21]

Frank, Hamel (1912) The lady of beauty (Agnes Sorel). Londres: Chapman and Hall. Disponible: https://archive.org/details/ladyofbeautyagne00hameiala/mode/2up [23/01/21]

Hagen, Rose-Marie y Hagen, Rainer (2003) What Great Paintings Say, Volumen 2. Taschen, disponible: https://books.google.com.mx/books?id=OWe3lPyY_GIC&lpg=PP1&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [22/01/21]

Klein, Glenn (2005) Faceting History: Cutting Diamonds and Colored Stones. Xlibris Corporation. Disponible: https://books.google.ca/books?id=9vMCZN1lxM8C&lpg=PP1&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [22/01/21]

Queralt, Ma. Pilar (2014) Reinas en la sombra. EDAF. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=UheGBAAAQBAJ&lpg=PP1&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [21/01/21]

Wellman, Kathleen (2013) Queens and Mistresses of Renaissance France. Yale University Press. Disponible: https://books.google.es/books?id=_AtUPUB6znMC&lpg=PP1&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [21/01/21]

8 dic 2020

Catalina de Austria, reina de Portugal

De Domingo Carvalho, Museo del Prado.

Nacimiento y primeros años
El 14 de enero de 1507, en Torquemada, la reina Juana de Castilla dio a luz a una hija póstuma de Felipe de Austria. Su madre se puso de parto durante el camino a Granada, donde darían sepultura a Felipe. El cortejo nunca llegó a Granada, pues Juana fue recluida en Tordesillas.

La infancia de Catalina fue dura. Durante los primeros años de reclusión, Juana estuvo bajo la rígida supervisión de Luis Ferrer, incluso sometida a maltrato corporal por parte de este. La reina solo contaba con dos damas de compañía. Vivía en una cámara sin ventanas, así que ni ella ni Catalina podían ver el exterior; tiempo después, se hizo una abertura en la pared para que entrase la luz y el aire. Nadie se preocupó por mandar profesores a la infanta. Sin embargo, el aislamiento no impidió que recibiera la educación digna de una princesa, pues hablaba latín y poseía talento para la música. Hay que recordar que su madre (posiblemente, su única preceptora) se crió en la corte humanística de los Reyes Católicos.

En julio de 1516, el cardenal Cisneros escribió a Carlos a través de Diego López de Ayala para que pidiese que "...doña Beatriz de Mendoza, hija de doña María de Bazán, sea recibida al servicio de la señora Infanta Catalina [...] porque tiene necesidad de más compañía...". Al parecer, a Carlos no le importó la situación de su hermana menor, pues la súplica no fue atendida. Además, Tordesillas no era sitio adecuado para alojar a una hipotética niña de la nobleza.

Obra de Francisco Pradilla y Ortiz, representa a Juana I encerrada en Tordesillas, junto con su hija, Museo del Prado.

En 1517, Carlos y Leonor llegaron a Castilla, donde se reunirían con una madre a la que no veían en once años. También conocieron a su hermana de diez años. La niña no vestía de acuerdo a su rango de infanta y archiduquesa. Lucía una simple falda plisada de color negro, una chamarra de cuero y su tocado era un pañuelo blanco. Fernández Álvarez la describe como una niña "de aspecto gracioso y dulce, con hermosos cabellos rubios —como casi todos los príncipes de la Casa de Austria—, iba vestida de tal modo que al ver su porte nadie la tomaría como una de las nietas de los Reyes Católicos".

Después de la visita de sus hermanos, Catalina fue sacada de Tordesillas. Una noche, los servidores de Carlos hicieron un hueco en la pared y se la llevaron a escondidas. Fue llevada a Valladolid y alojada en la casa de Leonor. El cronista Laurent Vital narra:

"Con la llegada de esa gentil princesa toda la Corte se sintió muy alegre. La vi entrar e ir al cuarto de su hermana, por una galería, y la llevaba de la mano el señor de Traseignies, y la señora de Chièvres de la otra mano, y llevaba la cola de su vestido la señora de Beaumont...".

Su estancia en la Corte no duró mucho. Cuando Juana se percató de la ausencia de su hija, fue tal su disgusto que se negó a comer y enfermó. Carlos se vio obligado a devolver a la niña a Tordesillas, aunque intentó mejorar sus condiciones de vida. La misma infanta lamentó la tristeza de su madre y prefirió dejar atrás los lujos de la corte para regresar al encierro que siempre había conocido. La diferencia es que ahora contaba con cámara propia y compañía digna de su alcurnia. Tuvo entre sus pajes a dos futuros santos: Francisco de Borja, hijo del duque de Gandía, e Íñigo de Loyola, más tarde san Ignacio. Se dice que este último estaba enamorado de la infanta Catalina, pues en sus escritos confiesa que puso sus ojos en una dama de rango más alto que una condesa y duquesa.

Andreas Muñoz y Tacuara Casares en película "Ignacio de Loyola" (2016). Casares aparece en el reparto simplemente como "princesa Catalina", aunque por el contexto del filme se sobreentiende que es Catalina de Austria.

Sin embargo, la situación de la reina y su hija no mejoró con la llegada de Carlos. El segundo cuidador, Hernán Duque, fue nombrado por Cisneros; solo permaneció dos años en su cargo (durante ese período, Juana presentó una mejoría en su ánimo), pues fue destituido por Carlos. El joven rey designó como "cuidador" al marqués de Denia, quien sometió a maltratos y humillaciones a madre e hija. Las hijas del marqués lucían las joyas y prendas que el rey enviaba a Catalina.

En 1520 estalló el movimiento comunero. La entrevista entre Juana y los comuneros se produjo en septiembre, en la cual se le solicitó que asumiera el poder como reina propietaria de Castilla. Juana no se comprometió a nada ni parecía dispuesta a apartar a su hijo del gobierno. El movimiento fue derrotado, pero Carlos desconfió de Juana y Catalina. Le llegaron rumores de que su hermana apoyó a los comuneros. Los maliciosos marqueses de Denia escribieron a Carlos:
"...Escriba V.M. a la Señora Infanta mostrar algún sentimiento de lo pasado y poniéndola en razón por lo venidero..." 

Efectivamente, Carlos la amonestó. Él era de naturaleza desconfiada, incluso con su hermana de trece años. El 24 de septiembre de 1521, Catalina escribió una respuesta a su hermano:

"...ninguna necesidad había que V.M. me enviase a mandar esto, porque yo desde que nascí nunca cosa mía he procurado ni deseado (nada más que) lo que conviene a la Reyna, mi señora, y al servicio de V.A. y por esto las cosas de la Comunidad y sus liviandades nunca me parescieron bien...y las personas con quien yo trato son muy servidores de V.M. que no los que le han hecho tales informaciones tan apartadas de la verdad..."

Después del movimiento comunero, el marqués de Denia fue restituido; Juana y Catalina volvieron al cautiverio. La infanta informó a su hermano que su madre era encerrada en una cámara sin luz.

Reina de Portugal
Después de diecisiete años de encierro y penurias, la infanta sería colocada en el trono de Portugal. Se trataba de un enlace doble: Catalina con Juan III y Carlos con la hermana del monarca luso, Isabel. 


El matrimonio de Catalina se celebró por poderes el 18 de agosto de 1524. La dote quedó establecida en 200,000 doblas de oro castellano, pagaderas durante los tres años siguientes. Para la conformación de su guardarropa, se llevó a cabo un saqueo en la cámara de Juana, con la colaboración del marqués de Denia: plata para el servicio de la mesa y la capilla, ropa blanca, tapicería, camas, aderezos, así como una serie de libros y manuscritos iluminados. El 2 de enero de 1525, la infanta salió de Tordesillas. Muchos oficiales que servían a la reina Juana solicitaron su ingreso a la Casa de Catalina, con tal de abandonar el ambiente carcelario de Tordesillas. 

Laia Marull (Juana de Castilla) y Guiomar Puerta (Catalina de Austria), en serie Carlos Rey Emperador.

La nueva reina de Portugal fue escoltada a Badajoz por Juan Alonso de Guzmán, duque de Medina Sidonia, Álvaro de Zúñiga, duque de Béjar, y el obispo de Sigüenza. En su nuevo país fue recibida con alegría. Fue alabada por "su celo religioso, su blandura en el trato, las muchas mercedes que hacía a sus vasallos y el agasajo y buena acogida que todos hallaban generalmente en ella por lo que fue siempre tan amada y venerada como si fuese madre particular de cada uno de ellos" (Crónica del muyto alto e muito poderoso Rey destos Reynos de Portugal, D. Joao o III deste nome, por Francisco de Andrade)El 5 de febrero de 1525 se celebraron las nupcias. Catalina fue tan fértil como su madre. Dio a luz nueve hijos, aunque solo dos llegaron a la edad adulta.
  1. Alfonso (24 de febrero de 1526-12 de abril de 1526).
  2. María Manuela (15 de octubre de 1527-12 de julio de 1545)
  3. Isabel (1529-1530).
  4. Beatriz (1530-1530).
  5. Manuel (1 de noviembre de 1531-14 de junio de 1537).
  6. Felipe (25 de mayo de 1533 - 29 de abril de 1539).
  7. Dionisio (26 de abril de 1535-1 de enero de 1537).
  8. Juan Manuel (3 de junio de 1537- 2 de enero 1554)
  9. Antonio (9 de marzo 1539-1540).
Incluso en una época de alta mortalidad infantil, la situación de los reyes portugueses era trágica y, desde el punto de vista dinástico, alarmante. Los hermanos del rey también murieron jóvenes: la emperatriz Isabel (1503-1539), Beatriz (1504-1538), Fernando (1507-1534), Alfonso (1509-1540) y Duarte (1515-1540). En este ambiente marcado por la tragedia y con la creciente religiosidad de los reyes, la corte fue perdiendo la alegría de antaño. 

Juan III, por Antonio Moro

Catalina desarrolló una importante labor social, especialmente con los pescadores lisboetas. Fundó el Colegio de Huérfanos de Lisboa. La corte portuguesa atraía a intelectuales y artistas, patrocinados por la reina, quien contaba con una gran biblioteca humanista. Tras el nacimiento del infante Juan Manuel, se celebró con una representación teatral llamada "Monólogo del Vaquero", de Gil Vicente. Tanto ella como su marido eran personas muy religiosas; mantuvo contacto con Ignacio de Loyola, Francisco Borja y fray Luis de Granada.

Durante su reinado, las posesiones portuguesas se extendieron por Asia y al Nuevo Mundo, a través de la colonización de Brasil. Los navegantes hicieron contacto con China, bajo la dinastía Ming, y Japón, durante el período Muromachi. El Imperio portugués llegó a ser tan extenso que se tornó difícil de administrar. Catalina fue una importante coleccionista de objetos y animales importados de las colonias. Muchos de ellos fueron enviados como regalos a sus parientes, como en 1551, cuando envió un elefante indio a sus sobrinos, María y Maximiliano de Austria.

Catalina fue una reina astuta y esto fue reconocido por su esposo, quien le otorgó bastante autoridad política. No respaldó ciegamente la política imperial de su hermano y, a menudo, tuvo que mediar entre él y su esposo, por ejemplo, en 1527, cuando Carlos refutó la soberanía portuguesa sobre las Islas Malucas.

María Manuela, Museo del Prado

Desde temprana edad, la infanta María Manuela fue contemplada como futura esposa de su primo, Felipe de Austria. Este proyecto era acariciado por Catalina y su cuñada, la emperatriz Isabel. Para el emperador Carlos, era una perspectiva interesante, pues cabía la posibilidad de que la corona portuguesa recayera sobre la infanta. Los portugueses, en cambio, eran cautelosos en cuanto a la independencia del reino y se inclinaban más por un matrimonio con el infante Luis, tío de María Manuela. La reina se opuso a esta unión y terminó convenciendo al rey Juan. En 1543, la infanta se casó con Felipe, príncipe de Asturias. Después de las fiestas por su boda, María Manuela viajó a Tordesillas, ese lúgubre sitio donde se crió su madre, para conocer a su abuela. En 1545, la princesa murió después de dar a luz a un hijo, Carlos.

Juan Manuel, por Antonio Moro

Ahora solo les quedaba un hijo, el príncipe Juan Manuel. En enero de 1552 se casó por poderes con su prima, Juana de Austria, quien llegó a Portugal a finales de ese año. Lamentablemente, los reyes vivirían para ver partir a todos sus hijos. El príncipe murió el 2 enero de 1554. Pero contaban con un consuelo: el embarazo de la princesa Juana. El 20 de enero, la joven dio a luz a un niño, Sebastián. Cuatro meses después, la princesa viuda fue nombrada regente de España, por lo que tuvo que abandonar Portugal y dejar a su hijo al cuidado de Catalina. 

Regencia
Una vez concluido el prolongado y doloroso capítulo de la maternidad, Catalina se dedicó a los asuntos estatales, asistida por el secretario Pêro de Alcáçova Carneiro. Su esposo, cada vez más enfermo, le fue delegando cada vez más responsabilidades. El 11 de junio de 1557, murió el rey Juan.

En 1556, Carlos regresó a Castilla acompañado por sus hermanas, Leonor y María, después de su abdicación el año pasado. Leonor había dejado en Portugal a la hija que tuvo con Manuel I, la infanta María. Esta joven era, por lo tanto, sobrina y cuñada de Catalina y hermana de Juan. Pero fueron los monarcas portuguesas las únicas figuras paternas que ella conoció. Ahora que Leonor estaba de vuelta, pretendía reunirse con su hija, a la que no veía en más de treinta años.


Catalina quedó a cargo de la regencia y la tutela de Sebastián. Con tal de evitar el enfrentamiento, Catalina aceptó ser asistida por su cuñado, Enrique, aunque esto no impidió las disputas. Juana de Austria también aspiraba a la regencia portuguesa durante la minoría de edad de su hijo. La princesa se creía con mayor derecho, por ser la madre del rey, pero el emperador era consciente del prestigio que había ganado su hermana en la corte portuguesa y no apoyó las pretensiones de su hija.

También tuvo que enfrentarse a problemas relacionados con los dominios ultramarinos. Para mantener intactas las posesiones portuguesas en el Norte de África, en 1562, Catalina ayudó a Rui de Sousa a defender de los moros el fuerte de Mazagón. A pesar de su lealtad al emperador, Catalina nunca sacrificó los intereses del trono luso en beneficio de la política de su hermano. No accedió cuando, en secreto, Carlos le propuso nombrar heredero de Portugal al príncipe Carlos, en caso de morir Sebastián. 

Últimos años
En 1562, consciente de las críticas a su gobierno, respecto a la influencia castellana, Catalina renunció a la regencia. Los representantes de las Cortes le insistieron en que no abandonará la regencia. Catalina abandonó el cargo, pero permaneció como tutora de su nieto, cada vez más rebelde. El rey Sebastián le provocó tantos disgustos, que Catalina estuvo a punto de abandonar Portugal. En 1563, recibió la rosa papal por parte de Pío IV, un reconocimiento que se entregaba a las reinas y princesas piadosas.


En 1568, le llegaron noticias desconcertante sobre su otro nieto, el hijo de María Manuela. Don Carlos de Austria se encontraba preso por orden de su propio padre. Le escribió a Felipe II, ofreciéndose a cuidar de su nieto.En sus cartas al papa Pío V, enviadas en 1572, le imploraba su consejo y apoyo, contándole su descontento por residir en Portugal y su deseo de marchar. Su intento más determinado para trasladarse a un convento español fue apoyado totalmente por su sobrino, Felipe II. Estos planes se desvanecieron debido a la insistencia de los portugueses.  

Sintiéndose al borde de la muerte, Catalina se preocupó, sobre todo, por el destino de sus preciosas reliquias, recordando también a todos sus sirvientes, incluso a los esclavos, a quienes concedió la libertad. A pesar de las fiebres y la debilidad, la reina insistió, mientras pudiera, en comer en la mesa y escuchar música, en compañía de sus damas. Contrariando a los sirvientes más cercanos a la reina, el rey Sebastián insistió en comunicar a su abuela sus planes de ir a luchar en África. Unos días antes de morir, Catalina todavía tenía fuerzas para disimular su disgusto hacia una guerra que ponía en peligro la continuidad de la dinastía Avis.

El 12 de febrero de 1578, a los 71 años, falleció la reina Catalina. Por lo menos tuvo el consuelo de ser acompañada por su nieto Sebastián, el único que quedaba entre sus descendientes, pues incluso el príncipe Carlos había muerto hace diez años. Como estaba previsto, fue enterrada en el Monasterio de los Jerónimos.

Después de unos días de luto en el Monasterio de Penha Longa, el rey se dedicó a los preparativos de la ansiada expedición a Marruecos. El 4 de agosto de ese mismo año, Sebastián murió en la batalla de Alcazarquivir.




Fuente:

Fernández Álvarez, Manuel (2014) Carlos V, el césar y el hombre. Grupo Planeta Spain. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=pgQgw_GSsPUC&lpg=PP1&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [07/12/20]

Jordan Gschwend, Annemarie «Catalina de Austria», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico en http://dbe.rah.es/biografias/11817/catalina-de-austria [09/12/20]

Jordan Gschwend, Annemarie (2012) Reliquias de los Habsburgo y conventos portugueses. El patronazgo religioso de Catalina de Austria. Disponible: http://arteysociedad.blogs.uva.es/files/2012/09/13-JORDAN.pdf [09/12/20]

Labrador Arroyo, Félix (2014) La organización de la Casa de Catalina de Austria, Reina de Portugal (1523-1526). Cuadernos de Historia, 39, pág. 15-35. Disponible: https://revistas.ucm.es/index.php/CHMO/article/view/45839/43082 [08/12/20] 

Márquez de la Plata, V. (2019) Póker de Reinas: Las cuatro hermanas de Carlos V. [Versión Kindle] Ediciones Casiopea, España. 

Serrano, J.B (2018) As Avis: As Grandes Rainhas que partilharam o trono de Portugal na segunda dinastia [Digital] Esfera dos Livros, Portugal.